SIGUIENDO LOS PASOS DEL REY
   Por: Catherine Girdler
Y así llegamos a Lerma: nuestro viaje de siete horas desde la costa terminó al pasar por la puerta de la ciudad amurallada. Ya había oscurecido y nuestros faros nos mostraron un edificio medieval medio enmaderado y unas calles estrechas.
Ese día de febrero amaneció con un sol brillante y un cielo azul. Acompañados por nuestros amigos, nos fuimos a la Oficina de Información al Turista, situada en un antiguo monasterio, para participar en una visita guiada de la ciudad. Lerma se encuentra a 35 kilómetros al sur de Burgos y 836 kilómetros de Málaga y está construida sobre una colina con vistas al río Arlanza. Un asentamiento que data de antes de la época romana se convirtió en el siglo X en capital de distrito y, en 1148, Alfonso III le concedió unos privilegios y jurisdicción. Los edificios de piedra caliza de Lerma se construyeron en el siglo XVII, cuando la ciudad se erigió en capital de los territorios de Francisco Gomez de Sandoval y Rojas, favorito del Rey. Felipe III visitó Lerma con regularidad y el Duque construyó y amplió su palacio para alojar a la comitiva real. El Duque debía estar muy seguro de su posición frente al Rey, ya que completó el palacio con cuatro torres, algo que sólo estaba permitido en un palacio real.
El palacio original se desmoronó y, en tiempos más recientes, fue vendido a la organización de Paradores Nacionales, bajo la condición de que tenía que ser restaurado en su totalidad, incluidas las cuatro torres. En la actualidad, este magnífico edificio de piedra domina la enorme Plaza Ducal. A un lado de la Plaza se encuentra una pasarela elevada por la que el Duque podría acceder a la Iglesia Colegial de San Pedro sin tener que entrar en contacto con la plebe. Este corredor colgante puede observarse desde diferentes puntos de la ciudad, siendo uno de los más hermosos la Plaza de Santa Clara, donde sirve de marco para una magnífica vista sobre el valle. También existe una red de galerías debajo de la ciudad.
Aunque la ciudad dispone de un gran número de iglesias y conventos o antiguos conventos, decidimos visitar la Iglesia Colegial de San Pedro, donde se puede admirar un magnífico retablo de oro de estilo barroco. Tuvimos el privilegio de visitar la Capilla en el Monasterio de la Ascensión de Nuestra Señora. Este monasterio da cobijo a la orden franciscana de las Clarisas Pobres y muchachas jóvenes de toda España vienen aquí para poner su vocación a prueba. La capilla era preciosa y tranquila, adornada con muchos cuadros de gran belleza.Leerma
Llegada la hora del almuerzo, nos dolían los pies y estábamos hambrientos y nuestros amigos nos tenían preparada otra agradable sorpresa. Durante una visita anterior habían descubierto un pequeño restaurante al lado de la Plaza Ducal, donde la comida se prepara en un horno tradicional de leña. El fuego en este enorme horno no se apaga en ningún momento. El almuerzo consistía en cordero de 12 semanas, magníficamente preparado, acompañado del vino tinto local Ribero de Ardanza. Compré una botella de este vino y puedo confirmar que no se deteriora con el transporte. Su sabor resultó ser igual de bueno en Inglaterra. Nuestro día en Lerma terminó con un paseo por la hermosa ciudad bajo la luz de la luna y una copa relajante en el Parador. El patio interior de este palacio ha sido techado convirtiéndose en un espléndido salón y las camareras llevan trajes tradicionales de la región.
El día siguiente continuamos nuestro viaje hasta Cuenca. Esta ciudad es famosa por sus Casas Colgantes, agarradas al barranco de Hueca. Toda la ciudad está inmersa en un proceso de restauración y ha sido declarada lugar de Patrimonio Europeo; como consecuencia, la Catedral estaba siendo sometida a unas obras de restauración de gran envergadura y no presentaba su mejor aspecto. Nada podrá quitar valor a estos magníficos edificios y, dentro de algunos años, una visita a esta ciudad será un verdadero placer.
También visitamos la Ciudad Encantada. Resulta difícil describir este lugar, donde unas extrañas formaciones rocosas han sido convertidas en unas formas misteriosas como consecuencia de la erosión del viento y la lluvia. Muchas de estas formas han sido bautizadas con un nombre como, por ejemplo, Los Amantes, el Puente Romano, el Barco - ¡requiere una buena dosis de imaginación! Es un lugar muy atractivo para dar un paseo y disfrutar del paisaje.
Durante nuestra última noche nos fuimos a un restaurante en Cuenca. La zona que bordea el río ha sido convertida en un paseo pavimentado donde descubrimos un restaurante que parecía antiguo pero, en realidad, había sido construido ahí recientemente en un almacén convertido. Los asientos en el bar eran bancos cubiertos de terciopelo rojo, con antimacasares y cortinas de encaje. Disfrutamos de una cena de primera clase y nos prometimos más aventuras para el año próximo. ¡Presta atención a este espacio!